Desde El Búnker
Domingo 26 de julio de 2026.- La consulta sobre la reforma para los pueblos originarios en el Congreso de Jalisco que se llevó a cabo esta semana, comenzó con una contradicción monumental: se invitó a más de 150 representantes indígenas para escucharlos, pero primero se les obligó a escuchar, sin tantito respeto por los invitados.
Durante más de una hora fueron rehenes de un desfile de discursos oficiales, saludos protocolarios y protagonismos legislativos que parecían no tener fin. Parecía que los diputados confundieron una mesa de trabajo con un informe de gobierno.
La respuesta de las comunidades fue ejemplar; la organización del Congreso, en cambio, fue una demostración de improvisación y desconexión con la realidad. Quienes viajaron durante horas desde distintos rincones de Jalisco tuvieron que soportar el calor, el tedio y la desesperación, mientras los anfitriones se complacían en escucharse a sí mismos.

El mensaje fue claro: primero el lucimiento de la clase política; después, si alcanzaba el tiempo, los pueblos originarios.
Y, aun así, los indígenas hablaron. Lo hicieron con una seriedad que contrastó con la frivolidad del protocolo de los diputados.
Los invitados, exigieron tribunales especializados, reclamaron protección para sus territorios, pidieron garantías para conservar sus lenguas y culturas, denunciaron la violencia que padecen y recordaron algo que los gobiernos suelen olvidar: sin medio ambiente no hay comunidades que sobrevivan.
Pero si alguien tenía dudas sobre el nivel de organización, bastó esperar la hora de la comida. El coffee break simplemente no alcanzó. Algunos recibieron un cuernito relleno; pareciera que se les convoca para la fotografía, se les promete inclusión, pero ni siquiera se calcula un refrigerio suficiente para todos.
Lo paradójico es que la consulta se realizó justo cuando el Congreso se preparaba para irse de vacaciones. Como quien quiere tachar un pendiente antes de cerrar la oficina.
Afortunadamente, los representantes de los pueblos originarios entendieron mucho mejor la importancia del encuentro que los propios organizadores y decidieron quedarse, participar y defender sus propuestas, pese al desdén institucional.
Ahora la pelota está en la cancha de los diputados. Si esta reforma termina siendo otro catálogo de buenas intenciones, la consulta habrá servido únicamente para alimentar el archivo de las simulaciones legislativas y entraría al mero trámite de que para proponer iniciativas, tienes que llevar a cabo varios foros, aunque sean “huecos”.
Pero si de verdad prospera, la propuesta de otorgar a los pueblos originarios un presupuesto propio, independiente de los municipios, entonces el Congreso tendría la oportunidad de demostrar que, por una vez, escuchar no fue solamente un acto protocolario.

