Alberto Osorio
Viernes 13 de febrero de 2026.- El 13 de febrero de 2008 en La Azucena, El Salto, cuando cayó al río Santiago y murió a consecuencia del contacto de aguas envenenadas con metales pesados el niño Miguel Ángel López, vecinos descubrieron que el reloj de la muerte se había activado en una zona de México que durante muchas décadas, era considerada el pequeño Niagara de la República Mexicana, por su belleza natural y la abundancia de peces y animales silvestres.
Después de 18 años de la muerte del pequeño Miguel ángel, hoy hay un registro de tres mil 368 muertos en El Salto y Juanacatlán (hasta 2025), quienes perdieron la vida por vivir respirando el bao del río más contaminado de todo México, y a esa lista se debe sumar otros 80 fallecidos del Poncitlán, según lo refiere el doctor Enrique Lira
Este viernes los ambientalistas dieron rueda de prensa y llegaron con un féretro al hotel donde se convocó a los medios para recordar a Miguel Ángel. Ahí, el activista Raúl Muñoz refirió que, en muchas ocasiones, en el momento de recibir las quimioterapias, es cuando los vecinos se reconocen y se identifican porque muchos, como habitantes de El Salto que llegan al Seguro o al Hospital Civil para ser atendidos.
Enrique Lira sostiene que el río Santiago es una vergüenza mundial. Es un río que en ocasiones se prende con llamas que surgen de sus entrañas, cerca de la refinería de Salamanca, en Guanajuato.

María González representante del IMDEC afirmó que ese vaso, es una serpiente de agua venenosa que cruza por nueve estados y afecta a 135 municipio de los más de dos mil 400 que hay en México y en donde queda de manifiesto que el origen de la gran falla ambiental inicia en la no aplicación de medidas correctivas en contra de todos los pequeños y grandes contaminadores del río.
Según María González, reconoce que hay respuesta de la autoridad, aunque muy lenta que se traduce en decenas de estudios y decenas de millones de pesos invertidos para la bioremediación del río Santiago.
Lo que dijo el médico Enrique Lira fue desgarrador: “Mientras El Salto y Juanacatlán o Poncitlán las familias cuentan los muertos, las grandes industrias cuentan los millones que llevan”.

